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Próximas epidemias laborales

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En 2014 se contablizaron en Euskadi un total de 2.368 enfermedades profesionales. Son un 10% menos que el año anterior pero, a pesar del leve descenso que revelan los datos de Osalan, no deja de sorprender que, en pleno siglo XXI, desempeñar un trabajo sea la causa directa de que miles de personas pierdan la salud –y, en muchos casos, también la vida– por la falta de adecuadas medidas de prevención. Pero tanto o más preocupante es que enfermedades que se daban por extinguidas gracias a la mejora de las condiciones laborales hayan reaparecido o se reconozcan dolencias vinculadas ahora a determinados agentes tóxicos habituales en los puestos de trabajo. Mientras sigue el goteo de los casos provocados por el asbesto, cuya inhalación a pulmón abierto está diezmando a varias generaciones de trabajadores, ya jubilados, los expertos alertan de otras epidemias que están empezando ahora a resurgir: la silicosis o las enfermedades relacionadas con la inhalación de humos de soldaduras son los nuevos amiantos. Según los datos del Instituto vasco de Seguridad y Salud Laborales, Osalan, en 2014 se contabilizaron 155 enfermedades respiratorias. Entre ellas hubo 49 casos y 18 recaídas de neumoconiosis, como se denomina a las patologías producidas por inhalación de sustancias. En total, 67 pacientes, cifras similares a las del año anterior. Si bien descendieron los casos de asbestosis (11 frente a 18 en 2013) se incrementaron otras patologías del aparato respiratorio (28 afectados frente a 23). De ellos, 22 casos fueron de silicosis, uno más que en 2013. En su balance anual, Osalan destaca la «alta incidencia» de las enfermedades respiratorias en los sectores de fabricación de productos minerales y metalurgia, que «concentran una alta proporción de los casos de silicosis declarados en 2014». Conocida como la «enfermedad de los mineros», los historiales incluidos en el registro Cepross del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) ya suponen el 30% del total de patologías respiratorias. Con la progresiva extinción de las minas de carbón y la mejora de las condiciones laborales en las que quedaban, muchos expertos pronosticaron la desaparición también de la silicosis. Se equivocaron. El nuevo foco de la enfermedad en Euskadi no está a decenas de metros bajo tierra sino en las marmolerías que trabajan con placas de aglomerados de cuarzo. Quizá no les diga nada esta definición pero seguro que conocen esas encimeras de brillantes colores que se han puesto tan de moda para colocar en cocinas y baños. «Mientras el mármol contiene aproximadamente un 15% de sílice en su composición, estos materiales artificiales tienen hasta un 95%», advierte Alfonso Ríos, responsable de Salud Laboral de CC OO, sindicato que alerta de que los casos avanzan «a un ritmo de epidemia». Un ejemplo paradigmático es el de una marmolería de Lemoa, Novogranit, ya desaparecida: de los 10 trabajadores que tenía empleados, ocho están aquejados de silicosis. Hace un par de años cerró, acorralada por la crisis y las abultadas reclamaciones de indemnizaciones a las que tuvo que hacer frente por presuntamente ignorar las medidas de prevención adecuadas. Inspección de Trabajo impuso tanto a la firma como al servicio de prevención una multa de 40.900 euros y les condenó a pagar solidariamente el recargo de prestaciones a los trabajadores. La Fiscalía actuó de oficio ante el elevado número de demandas por daños y perjuicios que los afectados tramitaron por la vía civil y que ahora se resuelven por la penal. Las precarias condiciones las que estos trabajadores desempeñaban su trabajo era la tónica en todo el sector, formado por pymes integradas por un puñado de empleados. «Hasta hace diez años, los tableros se cortaban y pulían sin mascarillas de protección ni maquinarias de corte húmedo, a pesar de que la toxicidad del sílice era perfectamente conocida. Ahora ya se adoptan medidas preventivas, pero sigue existiendo un riesgo importante cuando es necesario ajustar la encimera a una superficie y se corta en el mismo domicilio sin aspiradores ni métodos húmedos de corte», añade Ríos. Cuesta creer que, a pesar de la penosa experiencia del amianto, se hayan repetido recientemente en las marmolerías «los mismos errores» que antaño: nula información sobre riesgos, ausencia de medidas de protección, falta de reconocimientos preventivos... Pero, en cambio, mientras el largo periodo de latencia de las patologías provocadas por el asbesto hace que el trabajador enferme al final de su vida laboral o incluso cuando ya está jubilado, el drama de la nueva silicosis está en la juventud de los afectados: debido a la alta concentración de sílice en los aglomerados, los síntomas aparecen tras una corta exposición, que puede ser una década e incluso menos. «Con apenas 30 años o poco más se encuentran diagnosticados de una enfermedad incurable y progresiva por la que no van a poder trabajar más», precisa el delegado sindical. Soldadores en riesgo Según el Sistema de Información sobre Exposición a Cancerígenos (CAREX), más de 400.000 trabajadores están o han estado expuestos en España a la sílice cristalina y, por tanto, serían «potenciales afectados de silicosis». Se trata de una dolencia asintomática que en sus primeras fases no afecta a la capacidad pulmonar del trabajador y, en la mayoría de los casos, se diagnostica con una simple radiografía. «Pero tiene el condicionante de que en el momento en que se detecta, el afectado debe ser apartado de su puesto de trabajo, lo que abre la puerta al despido», apuntan desde CC OO. Por esta razón, una de sus demandas es conseguir que se declare incapacitante el primer grado de silicosis, sin esperar a que la enfermedad avance. Tras conseguir por su movilización que el valor límite de exposición se haya bajado de 0.1 a 0.05 mg/m3 desde el pasado 1 de enero, otra reivindicación del colectivo es lograr que el polvo de sílice sea considerado agente cancerígeno, tal y como reconoce la IARC, la Agencia internacional de investigación del cáncer. CC OO y las asociaciones de afectados –hay varias en España– llevaron esta demanda al grupo de trabajo constituido junto con representantes del Ministerio de Sanidad y la Seguridad Social para abordar esta problemática. Y parece que con éxito: un equipo de expertos están elaborando un estudio para incluir el cáncer de pulmón por exposición a sílice cristalina como enfermedad profesional. Entretanto, otra espada de Damocles pende sobre los soldadores que, durante décadas, han trabajado en la industria siderúrgica. Recientemente, el INSS ha concedido la incapacidad permanente absoluta, el máximo grado de inhabilitación posible, a un trabajador que sufre cáncer de pulmón tras décadas soldando acero inoxidable, una medida «inédita» hasta la fecha. El dictamen llegó apuntalado por un inequívoco informe de Osalan que reconocía «indicios razonables» de que la enfermedad es consecuencia de la «exposición» a agentes químicos como cromo VI y níquel por la inhalación de humos sin extracción localizada ni protección respiratoria adecuada. «Miles de soldadores han estado expuestos en Euskadi a similares circunstancias, quién sabe si el problema puede ser aún más grave que el del amianto», alerta Ríos. Fuente: www.elcorreo.com http://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/201511/22/nuevos-amiantos-acechan-euskadi-20151122163816.html

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