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Familiares y afectados luchan para que se haga justicia

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El amianto ha impregnado «de mierda» durante décadas los pulmones de miles de guipuzcoanos. Personas que su único afán era trabajar sin descanso para sacar a su familia adelante. Pero por desgracia desconocían que ese polvillo con el que convivían día sí y día también les iba a condenar a una muerte dolorosa. Esta sustancia cancerígena se ha llevado por delante historias familiares y de superación en un territorio en el que ha tenido una alta implantación, sobre todo, en la industria. Ahora, familiares y afectados luchan con todas sus fuerzas para que se haga justicia. Alzan la voz y subrayan que no quieren dinero. «Luchamos por que se reconozca el dolor que han causado». Hasta que a Vicente Urdangarin le diagnosticaron cáncer de pulmón, él desconocía que había trabajado con amianto. Su historia es el paradigma de lo que sucede con esta sustancia que tantas vidas se está llevando por delante. Su periodo de latencia ha provocado que las placas cancerígenas hayan aparecido en sus pulmones cincuenta años más tarde. En 1965 comenzó a trabajar en la Calderería Oria pero el paso fue de unos pocos años: «Allí estuve en contacto con amianto». Poco después dejó la empresa y no volvió a estar en contacto con «el polvo». Urdangarin como otros miles de vascos es parte de la interminable lista de víctimas que está dejando el amianto en los últimos años. Esta cifra no parece que vaya a comenzar a descender hasta al menos dentro de una década. La etapa de latencia de mínimo veinte años de la sustancia hace que los casos de mesotelioma pulmonar en Euskadi no se vayan a estabilizar por lo menos hasta el año 2023. Los diagnósticos de cáncer de pulmón han sufrido un ascenso sostenido estos últimos años. Según los datos de Parlamento Vasco entre 1999 y 2013, los casos de cáncer de pleura atribuibles al amianto ascendieron a 462 en la Comunidad Autónoma Vasca. Han sido la excepción. Entre 2014 y 2018 ascenderán a 346, mientras que desde 2019 a 2023 se esperan contabilizar 517. En total, 1.325 afectados en 25 años. Por su parte, los casos de mesoteliomas atribuibles al amianto ascendieron a 317 entre 1999 y 2013; cifra que trepará a 583 entre 2014 y 2023. De esta manera, en total, los casos de cáncer asociado al amianto en Euskadi se elevarán a 1.446 entre 2014 y 2023, el doble de los registrados entre 1999 y 2013. El Parlamento Vasco asume además que esa cifra será aún mayor. Gipuzkoa, tan unida a la siderurgia y a la industria, es uno de los territorios del Estado con más afectados por la inhalación de asbesto -silicato cálcico magnésico que constituye una variedad impura del amianto que se presenta en forma de haces de fibras delgadas, duras y rígidas- sin ninguna protección. Esta sustancia se convierte en peligrosa cuando se rompe y queda flotando por el aire. La presencia del amianto en las empresas guipuzcoanas ha sido constante e inevitable. Las factorías lo utilizaban por su bajo coste y su alta capacidad de aislar del frío y del calor. Pero no solo la siderurgia ha sido el sector donde se ha utilizado esta sustancia cancerígena prohibida en Euskadi desde 2002. En la construcción, en panaderías, en trenes o en tuberías, incluso en casas construidas durante los años 60-70, con el suelo de sintasol o las uralitas de los tejados. El amianto ha impregnado infinidad de lugares que aún respiramos. El cubo de la ropa sucia también ha sido un foco peligroso;, muchas mujeres se han visto afectadas al lavar los buzos de los trabajadores. Luisa Soraluce era una más de las miles de mujeres de los trabajadores de Altos Hornos de Bergara, actual Arcelor Mittal. Su nombre pasará desgraciadamente a la historia por protagonizar la primera sentencia en el que un juzgado declara a una persona extralaboral como víctima del amianto. Ella entregó su vida al cuidado de sus dos hijos, Josu y Garbiñe, y de su marido Jesús Ceciaga. Nunca trabajó en ninguna empresa, pero el amianto también penetró en sus pulmones. «Ella fue totalmente consciente de lo que le pasaba. Era víctima del amianto por limpiar la ropa de trabajo de nuestro padre», relataba su hija a este periódico. La de la tolosarra Paz Mendivil es otra de tantas vidas destrozadas por culpa de este «maldito» polvo silencioso. Su marido, Jesús María Jobajuria, trabajó durante más de cuatro décadas como mecánico de coches, aunque desconocía que lo hacía en contacto con ese amianto que más tarde le causaría la muerte. Limpiaba con agua a presión las zapatas de freno. El cáncer de pulmón se lo llevó por delante en apenas dos meses. Ella al igual que muchas mujeres guipuzcoanas también limpiaba a mano el buzo de su marido «para que el polvo no estropeara la lavadora. Ahora tengo miedo de que yo también pueda estar enferma por este asunto», reconocía con tristeza Mendivil. Tranquilidad y serenidad Quien no teme a esta circunstancia es la mujer de Vicente Urdangarin, Maritxu Lasa. Ambos están sentados en la cocina de su caserío del barrio Buruntza de Andoain y relatan con total tranquilidad y serenidad el proceso que están teniendo que sobrellevar. «Por suerte cuando empezamos a salir juntos ya no trabajaba en la calderería», reconoce su esposa, mientras él asiente con la cabeza. Un catarro difícil de curar les puso sobreaviso hace un par de años. «No se curaba, creía que sería pasajero, pero no nada, no se iba», relata con dificultades a la hora de respirar Vicente. El primer paso fue acudir al especialista de la clínica de Tolosa. Quien no dudó en el diagnóstico. «Enseguida nos dijo que lo que se veía en los pulmones eran placas pleurales por asbesto», recuerda Vicente como si fuera ayer. Entonces, vino la segunda pregunta: ¿Has trabajado con amianto?, lo que provocó que tuviera que retroceder cuarenta años atrás. «Hasta ese momento no me acordaba, pero luego comienzas a pensar y efectivamente te das cuenta que has trabajado con amianto. Lo peor de todo es que hemos estado en contacto y trabajando para sacar a la familia adelante con una sustancia que nos va a matar». Felipe Cuñado también pone rostro al drama que está provocando el amianto en miles de hogares vascos. Vive limitado por culpa de un mesotelioma. «Cada vez que tengo que pasar un revisión la cabeza comienza a funcionar pero si el médico me dice que todo está bien salgo encantado de la consulta», relató a este periódico. José Félix Casado también vive con la carga que le ha impuesto la sustancia cancerígena. Tiene cáncer de pulmón. Pero lo que verdaderamente le rompe el corazón es no coger a su nieta en brazos: «Se da cuenta de lo que tengo, en cuanto nos abrazamos enseguida me dice aitona suéltame», se lamenta. El suegro de Óscar García, Francisco Pérez, falleció a consecuencia de un cáncer de pulmón a consecuencia del amianto. Pero por desgracia «un juez le declaró como víctima del amianto después de fallecer». Las indemnizaciones nunca podrán mitigar la rabia, impotencia y ganas de justicia que tienen las víctimas de este polvo. Fuente: www.diariovasco.com http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201609/04/diagnosticado-ahora-cancer-trabajar-20160904005348-v.html

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